Este artículo analiza por qué la diferencia social —como la no conformidad de género, la ausencia de prácticas religiosas mayoritarias o la expresión pública de orientaciones sexuales diversas— suele ser percibida como amenaza. Se argumenta que la raíz de esta incomodidad no se encuentra en un riesgo real, sino en la amenaza simbólica que estos comportamientos representan para constructos sociales que otorgan previsibilidad y seguridad. A partir de la teoría de la necesidad de pertenencia y la teoría de la incertidumbre-identidad , se examina cómo la diversidad, lejos de debilitar la cohesión, fortalece la resiliencia comunitaria. Se concluye que la seguridad basada en la exclusión es frágil, mientras que la inclusión amplía la estabilidad y fomenta la innovación colectiva. Visualizar el artículo completo Ver en el navegador ...
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